Friday, March 11, 2005

Canto a la gripa

Me tienes nuevamente entre tus brazos,
Mi enemiga ferviente y pasajera.
Te reconozco mía
Como se tiene
Una pariente bruja,
Un hijo bobo
O un grano en la nariz,
Penosamente.

Como hembra eres fea,
Vampiresa de invierno,
Mensajera terrible:
Ojerosa, despeinada y grotesca,
Recargada de trapos,
Bufandas,
Paños negros,
Hablas con estornudos,
Miras con ojos rojos,
Saludas
Con el hielo de tus manos huesudas
O con el fuego verde del infierno.

No niego que te quise,
Algunas veces,
En contubernio
Con la pereza estéril
Te reclamé en los lunes para no ir a la escuela
Y quedarme contigo,
Disfrutando la mano tibia de mi madre,
Su feliz manantial de consideraciones.

Más tarde me dijeron,
Me contaron,
Lo supe por los diarios,
Que eras ciclón horrible
en nuestros llanos,
que andabas de la mano con el Tifo
y que eras partidaria
del paludismo.

Supe que desde un puente
Lanzas tu red desordenada
Y que si no apuramos
Desmantelas la mesa de los pobres,
La atiborras de frascos repugnantes,
De antipáticas pepas
Y al marcharte
Dejas vacío el rincón de la abuela
Y queda el huerto huérfano,
La casa sin historia,
Los rincones sin dulces,
La tarde sin murmullos
Y hasta se nos olvida
Hacer la agüepanela.

Así que no te quiero
Y para siempre
Te quito mis afectos enfermizos;
Te devuelvo tus cartas
Y tu feo retrato,
Me quitaré tu olor a mentolado,
Llamaré a la enfermera,
Cortará los cordeles de tus redes,
Tus dedos puntiagudos,
Y me saldré feliz
A serenarme,
A reírme de ti bajo la lluvia,
A divertirme con tu nombre de insecto.

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